Cafes y terrazas de los Grands Boulevards: el arte de vivir parisino
En Paris, un cafe nunca es solo una bebida. Es un ritmo, un decorado, una manera de habitar la ciudad. Alrededor de la Opera y de los Grands Boulevards, la terraza se convierte en el mirador ideal sobre el teatro urbano. Asi se disfruta como un habitual.
El cafe parisino, una institucion cotidiana
En Paris, el cafe se vive en dos registros. Esta la barra, donde uno se toma un espresso de pie, el codo sobre el zinc, unas palabras con el camarero antes de marcharse; y esta la terraza, donde uno se instala para dejar pasar el tiempo. Ambos conviven en el mismo local, a menudo con un precio distinto segun se consuma en la barra o en la mesa, una costumbre perfectamente normal que conviene conocer de antemano.
El barrio de los Grands Boulevards es especialmente rico en cafes, herencia directa del siglo diecinueve, cuando estas amplias avenidas concentraban la vida mundana, los teatros y los primeros grandes almacenes. Se venia a ver y a ser visto, y esa funcion social del cafe perdura. Aun hoy, sentarse en una terraza equivale a ocupar la primera fila de un espectaculo permanente: transeuntes apresurados, paseantes, repartidores, empleados en su pausa.
Lo esencial es entender que el cafe parisino nunca tiene prisa. Una sola consumicion le da derecho a quedarse tanto como desee, nadie vendra a apremiarle para que libere la mesa. Esa lentitud asumida esta en el corazon de la experiencia: uno viene tanto por el ambiente como por lo que hay en la taza.
Elegir la terraza adecuada
No todas las terrazas son iguales, y el ojo se educa rapido. El primer criterio es la orientacion: una terraza orientada al sur o al oeste captara el sol de la tarde, valioso en una ciudad donde la luz se merece. En los Grands Boulevards, de trazado ancho y despejado, algunas fachadas se banan en luz buena parte del dia mientras otras permanecen a la sombra de los edificios.
El segundo criterio es la vista. Una terraza en la esquina de un cruce animado ofrece un espectaculo continuo, mientras que un lugar mas apartado, en una calle lateral o cerca de un pasaje cubierto, promete mayor calma. Elija su ambiente segun el humor del momento: el bullicio del bulevar o la suavidad de una calle tranquila.
Por ultimo, observe la clientela y el ritmo del lugar antes de sentarse. Un cafe lleno de habituales que leen el periodico o escriben en su cuaderno suele tener alma; un local poblado solo por visitantes que fotografian sus platos dice mas de su ubicacion que de su calidad. Fiese de su instinto y no dude en caminar unos pasos mas.
Entender los codigos: pedir y pagar
Pedir un cafe en Paris obedece a un pequeno vocabulario que conviene dominar. Pedir simplemente un cafe le valdra un espresso, corto y fuerte, servido en una taza pequena. Si prefiere una version mas larga y menos concentrada, pida un cafe allonge, con mas agua caliente. El cafe creme, mas generoso, se toma sobre todo por la manana, y un noisette designa un espresso con una nube de leche.
El servicio se hace en la mesa: no hace falta ir a pedir a la barra si esta sentado en la terraza, un camarero vendra a usted. Se paga por lo general al final, cuando uno esta listo para irse, haciendo una sena discreta. Muchos locales aceptan tarjeta, incluso para importes pequenos, pero llevar unas monedas encima sigue siendo comodo.
En cuanto a la propina, la regla es simple y tranquilizadora: el servicio ya esta incluido en el precio indicado, no tiene ninguna obligacion de dejar mas. No obstante, es costumbre, si el servicio le ha gustado, redondear o dejar unas monedas en el platillo. Un gesto apreciado, nunca exigido, que forma parte de la cortesia habitual.
Los grandes cafes historicos del bulevar
Los Grands Boulevards dieron origen a cierta idea del gran cafe parisino: salas amplias, banquetas de terciopelo, espejos, laton pulido y aranas de luces. Estas direcciones historicas, varias de ellas de la Belle Epoque, cultivan un decorado espectacular que merece por si solo el rodeo, aunque sea para una simple bebida tomada en la barra.
Estos cafes-brasseries destacan por su amplio horario y su polivalencia: uno puede tomar un cafe por la manana, almorzar alli, demorarse por la tarde y cenar por la noche. Esa continuidad forma parte de su encanto y de su funcion social, la de un salon urbano abierto a todos. El decorado narra una epoca en que el bulevar era el centro de gravedad de la vida parisina.
Para aprovecharlos al maximo, basta con empujar la puerta y observar. Nada obliga a consumir con largueza: un espresso en la barra basta para admirar las molduras y sentir la atmosfera. Suele ser la mejor manera de acercarse a estos lugares legendarios sin ceremonia, como viajero curioso mas que como cliente apresurado.
El buen momento del dia
Cada hora tiene su cafe. Por la manana, la barra se anima con una clientela apresurada que apura su espresso antes del trabajo; el ambiente es vivo, un poco brusco, profundamente parisino. Es el momento ideal para tomar el pulso del barrio y fundirse en su vida cotidiana, lejos de la afluencia turistica.
A media manana y a primera hora de la tarde, la terraza recupera su calma y se convierte en el mejor puesto de observacion. La luz es hermosa, las mesas se liberan, y uno puede instalarse sin prisa con un libro o un cuaderno. Es la hora del paseo asumido, aquella en que el cafe se vuelve un verdadero arte de vivir mas que una pausa funcional.
A ultima hora de la tarde llega el momento del aperitivo, cuando las terrazas vuelven a llenarse y el barrio se inclina hacia la noche. Los Grands Boulevards, con sus teatros y cines, se animan con un publico que toma una copa antes del espectaculo. Sentarse en ese instante es captar el barrio en su mas bella efervescencia, entre dos luces.